Una vida llena de tristeza

 

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Es bueno escudriñar a través de la bella lectura y otros medios. Esto –no podemos eludirlo– a veces nos reconforta el alma pero también nos llena de tristeza.
Bien, en este momento se me ha dado en referirme sobre una tragedia vivida por dos seres humanos, un niño de 6 años y otro de 13.

El mayor de aquellos hermanos de nombres Ronald y el menor Jeisson, hijos de un hogar conformado por padres nacidos en el mismo departamento donde nació el autor de María, Jorge Isaac, tuvieron la mala suerte de vivir huérfanos y solos en un cuarto de un barrio pobre de Yumbo (Valle del Cauca).

La triste historia de esos dos niños se inicia cuando el papá fallece, y posteriormente su mamá los abandona. Pero no solo ellos han sido víctimas de estos sucesos que les contaré brevemente, sino miles más que deambulan sin horizontes, el territorio nuestro y el resto de la faz de la tierra.

A Ronald, como mayor de dichos hermanos, le tocó el papel de papá y mamá del que en esos días estaba por cumplir sus 6 años, correspondiéndole también, después que despertaba y apagaba la vela próxima a una destartalada cama donde tenían que dormir los dos, salir apresurado a hacer algo en las calles para subsistir, pero cuando no encontraba qué hacer se iba hasta algunos restaurantes donde pocos dueños le permitían recoger algo de comer y llevarle también a su hermanito, quien esperaba ansioso el bocado de comida.

Jaisson, aferrado fuertemente a una de sus manos y con pequeñas lágrimas en sus ojos, le rogaba no lo hiciera. Pero aquel ruego infantil no logró disuadirlo, procediendo ante su presencia a ahorcarse con una correa de lana que había dejado su madre, “quizás como legado herencial”.

“Estas historias –decía doña Rosario, leyendo también aquel triste relato del periodista capitalino– me parten el alma. A las madres, que no abandonen a sus pequeños hijos y protejamos más bien a todos los niños, así como lo hace Shakira y muchos otros” –concluyó diciendo aquella buena mujer.

Atentamente,
Jairo Alfonso Peralta